Dr. Mauro MalisaniDr. Mauro Malisani
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12 de agosto de 2026

Dolor de rodilla: causas frecuentes y cuándo es momento de consultar

Persona sosteniéndose la rodilla con dolor

El dolor de rodilla es una de las consultas más frecuentes en el consultorio, en Córdoba y en cualquier lugar, especialmente a partir de los 50 o 60 años. Muchas veces aparece de manera progresiva: empieza como una molestia ocasional al subir escaleras o después de caminar varias cuadras, y con el tiempo se vuelve parte del día a día.

Y hay algo que suele repetirse: nos acostumbramos al dolor. Dejamos de subir por escalera. Caminamos menos. Evitamos determinadas actividades. Empezamos a elegir el ascensor. Dejamos de hacer esas caminatas que nos gustaban.

Sin darnos cuenta, adaptamos nuestra vida a la rodilla. Pero el dolor no debería ser algo que simplemente tengamos que aprender a soportar. Entender dónde duele, cuándo aparece y qué otros síntomas lo acompañan es el primer paso para encontrar su causa y determinar qué tratamiento puede ayudarnos.

¿Por qué puede doler la rodilla?

La rodilla es una articulación compleja en la que intervienen huesos, cartílagos, meniscos, ligamentos, tendones y otras estructuras. Por eso, hablar simplemente de "dolor de rodilla" no alcanza para determinar qué está sucediendo. En pacientes jóvenes y deportistas, el dolor suele estar relacionado con lesiones agudas de menisco, ligamentos o tendones tras un golpe o un mal movimiento. Pero en adultos a partir de los 50-60 años, sin un episodio traumático que lo explique, la causa más frecuente por lejos es la artrosis de rodilla.

Artrosis de rodilla

La artrosis es una enfermedad articular en la que se van produciendo cambios progresivos en el cartílago y los demás tejidos de la articulación. Es, con diferencia, la causa más frecuente de dolor de rodilla en personas adultas y adultas mayores. Genera dolor, rigidez —sobre todo al levantarse después de estar sentado o al despertarse—, inflamación y una pérdida progresiva de movimiento.

En la consulta, la artrosis casi nunca se presenta como un dolor agudo aislado, sino como una serie de pequeñas renuncias: dejar de bajar al kiosco caminando, tardar más en subir un piso, necesitar apoyarse en la baranda, elegir el auto en vez de caminar diez cuadras. En algunos pacientes los síntomas son leves y manejables; en otros terminan interfiriendo seriamente con actividades tan básicas como caminar, subir escaleras o levantarse de una silla.

Dolor patelofemoral y otras causas menos frecuentes en este grupo etario

El dolor alrededor o detrás de la rótula también puede aparecer en adultos mayores, especialmente al subir o bajar escaleras o al permanecer mucho tiempo sentado, y suele convivir con cierto grado de artrosis. Las lesiones agudas de menisco, ligamentos o tendones son mucho menos frecuentes en este grupo etario sin un golpe o caída de por medio —son más propias de pacientes jóvenes y deportistas—, aunque el menisco sí puede presentar cambios degenerativos asociados al propio proceso de artrosis.

Y algo importante: tener artrosis no significa automáticamente necesitar una cirugía. Existen diferentes alternativas de tratamiento y la indicación depende de los síntomas, el grado de afectación de la articulación, las necesidades de cada paciente y la respuesta a tratamientos previos.

La edad no debe ser una excusa para perder movilidad. Tratar una rodilla no se trata solo de apagar el dolor, sino de devolverte la autonomía para que vuelvas a disfrutar de tu vida diaria.

¿La ubicación del dolor puede decirme qué tengo?

Puede darnos información, pero no alcanza para realizar un diagnóstico. No es lo mismo sentir dolor en la parte anterior de la rodilla que en la zona interna, externa o posterior. Tampoco es igual que aparezca al caminar, al subir escaleras, al doblar la rodilla o incluso estando en reposo.

Durante la consulta también importa saber:

  1. 1Cuándo comenzó el dolor.
  2. 2Si apareció después de una lesión.
  3. 3Qué movimientos lo desencadenan.
  4. 4Si existe inflamación.
  5. 5Si la rodilla se bloquea o falla.
  6. 6Si hay rigidez.
  7. 7Si el dolor aparece durante la noche.
  8. 8Y cuánto está afectando las actividades habituales.

Toda esa información, junto con el examen físico, ayuda a orientar el diagnóstico.

¿Necesito una resonancia si me duele la rodilla?

No necesariamente. Una de las primeras herramientas para estudiar un dolor de rodilla es la evaluación clínica. Durante la consulta se analiza la historia del dolor y se examinan aspectos como movilidad, inflamación, sensibilidad y estabilidad de la articulación.

Dependiendo de lo que encontremos, pueden solicitarse estudios complementarios como radiografías o resonancia magnética. Pero no todos los pacientes necesitan los mismos estudios. Una imagen es una herramienta que complementa la evaluación clínica: el objetivo no es tratar una resonancia o una radiografía, sino entender qué está pasando con la persona que tenemos delante.

Entonces, ¿cuándo debería consultar por un dolor de rodilla?

No todo dolor de rodilla representa un problema grave. Algunos episodios leves pueden mejorar modificando temporalmente la actividad y con medidas de cuidado indicadas para cada situación. Pero es recomendable realizar una consulta si el dolor:

  1. 1Persiste o empeora con el paso de los días o semanas.
  2. 2Comienza a limitar actividades que antes realizabas normalmente.
  3. 3Afecta tu trabajo, actividad física o vida cotidiana.
  4. 4Interfiere con el descanso o el sueño.
  5. 5Aparece repetidamente.
  6. 6Se acompaña de inflamación.
  7. 7Genera sensación de inestabilidad.
  8. 8Dificulta doblar o extender completamente la rodilla.

No hace falta esperar hasta que el dolor sea insoportable para consultar.

¿Cuándo necesito atención médica urgente?

Hay situaciones que requieren una evaluación más rápida. Por ejemplo, si después de una lesión:

  1. 1No podés apoyar el peso sobre la pierna.
  2. 2La rodilla se deformó.
  3. 3Aparece una inflamación importante de manera repentina.
  4. 4Existe dolor muy intenso.
  5. 5O no podés mover normalmente la articulación.

También debe buscarse atención médica sin demora cuando la rodilla está muy caliente, roja e hinchada y estos síntomas se acompañan de fiebre o malestar general, porque pueden ser signos de una infección articular.

No normalices vivir con dolor

Una de las cosas que más escuchamos en el consultorio es: "Pensé que era normal por la edad". La edad puede aumentar la probabilidad de determinadas patologías, pero eso no significa que debamos aceptar progresivamente vivir con menos movilidad.

Muchas veces el primer cambio no ocurre en la rodilla. Ocurre en nuestra rutina. Dejamos de caminar esas cuadras. Dejamos de jugar un partido. Dejamos de subir una escalera. Dejamos de hacer planes que implican caminar demasiado.

Por eso, cuando el dolor empieza a modificar la forma en la que vivís, vale la pena entender qué está pasando. Consultar no significa que necesariamente necesites una cirugía. Significa obtener un diagnóstico, conocer las alternativas disponibles y decidir cuál es el mejor camino para vos.

Porque el objetivo de tratar una rodilla no es solamente que duela menos. Es ayudarte a recuperar movimiento y volver a hacer las cosas que forman parte de tu vida.

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